El ser humano

¿Qué es “ser persona”?

Los seres humanos nos hacemos personas: a lo largo de nuestra vida vamos formando nuestra personalidad, vamos teniendo nuestros propios sentimientos, elaborando nuestros propios pensamientos y tomando nuestras propias decisiones.

Cada persona se crea a sí misma de una manera única y diferente a todos los demás. Y, por eso, hablamos de ‘identidad personal‘, refiriéndonos a la percepción individual que cada persona tiene sobre si misma; su particular conciencia de lo que es existir; cómo cada persona se ve y se siente desde su intimidad.

La identidad personal es fundamental en los seres humanos. Algunas veces se nos vienen a la cabeza preguntas como: ¿qué y quién soy yo? Y esto es algo que sólo puede respondérselo cada uno a sí mismo, ya que los seres humanos, aunque en un sentido muy importante, esencial, somos lo mismo -‘humanos‘: animales racionales-, nuestra razón es autónoma, somos libres, y esto es algo que nadie puede dejar de respetar y de tomar en consideración: ‘ningún libre puede mandar a otro libre’.

Así, cuando se trata de la identidad de género de la persona, hay que tener en cuenta que el género es algo en cierto modo inventado, creado, establecido, por la sociedad a través de la cultura, y, por tanto, algo que en realidad pertenece al ámbito de libertad del ser humano, no tanto o solamente al ámbito físico, de la naturaleza. Las personas tienden a adoptar el rol de género que la sociedad espera -por costumbre– en función de su condición natural. Se ha tendido a considerar que la mujer debe vestir de manera femenina y que el hombre debe comportarse de manera ‘varonil’ (¿agresiva?). Pero eso puede variar mucho de unas personas a otras. Y el hecho mismo de que sea algo establecido socialmente demuestra que también puede ser adoptado libremente por la persona, según su conciencia y voluntad.

Es decir, cuando se dice: no se nace mujer: se hace, esto tiende a significar en un sentido negativo que no naces mujer, sino que te hacen mujer los demás (la sociedad, la cultura…) imponiéndote las costumbres correspondientes; pero también podemos entenderlo, por el contrario, en positivo, significando que no naces mujer, sino que te haces tú misma mujer, libremente.

No por el hecho de ser ‘mujer’ -incluso aunque lo hayas elegido tú misma- tienes porqué ser de una determinada forma (‘femenina’), o por el hecho de ser ‘hombre’ tengas que ser de otra forma -la contraria… Cada uno puede hacer, decidir y ser según su  propio criterio y tener sus propios sentimientos… -en cualquier caso ‘humanos’.

¿Qué es, entonces, ser ‘mujer’ y ser ‘hombre’? La verdad es que no hay una definición muy clara para esta pregunta aunque la sociedad quiera decidir cómo debe ser y cómo debes actuar para estar dentro de ‘lo normal’.

Hablando biológicamente, hay distintos géneros; no únicamente los binarios ‘hembra’ y ‘macho’, sino que hay todo un espectro de géneros que varían, dando lugar a diversas formas de intersexualidad. Es decir, de hecho hay personas que por genética nacen con características biológicas de ambos sexos, independientemente de con cuál se identifiquen ‘personalmente’. -Y que se den formas intersexuales no quiere decir que compartan ambos aparatos reproductores juntos… Se da por hecho que el hombre es XY y la mujer XX, pero no se da así en todos los casos ya que pueden haber distintas variaciones dentro de estos patrones genéticos.

Con todo lo anterior quiero decir que es muy importante conocerse bien a sí mismo respecto a la propia identidad y el género, ya que son cosas totalmente diferentes. Y, además de esto, hay que saber también que las personas no se construyen sólo a partir de su físico, sino también a través de los hábitos o costumbres que se van adquiriendo; pero lo que finalmente decide su personalidad es su libre voluntad, a través de la conciencia.


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Personas

Una de las preguntas más reflexionadas por el ser humano a lo largo de toda su historia es la pregunta ‘¿Qué es ser persona?”. y esta pregunta está muy relacionada con la comprensión de la identidad de género.

Los seres humanos nacemos, crecemos… y nos hacemos, es decir, nos hacemos a nosotros mismos -en esto consiste el ser persona-: elegimos nuestros pensamientos, tomamos nuestras decisiones… formamos nuestra propia personalidad, y, dentro de ella, adoptamos también nuestro genero, nuestra identidad sexual… SOMOS LO QUE NOS HACEMOS. A la hora de elegir nuestro género, la mayoría de personas suelen elegir entre los dos géneros binarios: hombre y mujer. Pero estos dos géneros son en realidad un conjunto de características o roles configurados e impuestos por la costumbre, la cultura, la sociedad, donde las personas que se sienten con ciertas características tienden a adoptar ese rol de género.

Como decía Simone de Beauvoir: ”Mujer no se nace, se hace”. Y, del mismo modo que las mujeres, los hombres y todas las personas que se encuentran en todos los géneros que existen hoy en día, se han formado de algún modo a ellos mismos.

En esta construcción de nosotros mismos, las personas incorporamos diferentes elementos o aspectos del individuo: el físico (originalmente innato), los hábitos (adquiridos) y la consciencia presente. Por un lado, el sexo orgánico o biológico forma parte de lo físico, junto con el temperamento de la persona: son formas de ser que, aunque pueden condicionarnos o influir en algunos aspectos de nuestra conducta, sin embargo no determinan la manera de ser esencial que nos caracteriza y nos califica como personas. Por otro lado, en los hábitos adquiridos influyen mucho las costumbres de lugar, la cultura, la clase social, las ideologías dominantes… Pero es sólo en la consciencia donde se encuentra la verdadera persona que cada una somos: es ahí donde la persona dispone de todos los elementos anteriores como ingredientes para construirse libremente, espontáneamente, acción a acción, decisión a decisión, consciente, responsable… creando su propia biografía, el personaje que quiere ser a conciencia en este mundo.

Así, resulta que todos los seres humanos somos diferentes (diversos), a pesar de ser, por otro lado, ‘lo mismo‘: humanos. Y en eso consiste precisamente ser persona: en ser lo que eres según tu especie (humano), pero siempre cada uno diferente, con personalidad propia. Así, todos somos igualmente humanos, pero personas diferentes: hombres, mujeres, genderfluid, agénero

Entonces, ¿por qué, si somos todos personas, hay tanta violencia u opresión contra los géneros no binarios, como el transexual, o como también la hay contra las mujeres mismas?  Hay personas que no respetan la libre decisión de otras personas y pueden llegar a crear una especie de fobia o desprecio hacia ti porque tu manera de ser humano (racional y libre) no concuerda con sus prejuicios o estereotipos… Tras esas actitudes siempre hay intolerancia, tiranía: falta de respeto hacia la libertad que a los demás -a cada uno- les hace personas.


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Sócrates y los sofistas

En Atenas, al inicio del siglo V a. C. nació un fenómeno de carácter social llamado ‘Sofistica’ de donde salieron los sofistas. Sofista significa algo así como… ‘sabio’.

Los sofistas eran como maestros, que enseñaban a cambio de dinero.

Y en conexión con este movimiento social surge una figura que se convirtió en una gran inspiración para los filósofos griegos, Sócrates.

Este filósofo no escribió nada. Él se dedicaba a hablar con las personas que querían hablar con él…

Sócrates no se definía como una persona sabia: al revés, él siempre decía que, en realidad, no sabía nada…

Para Sócrates, la sabiduría no estaba en acumular conocimientos, sino en tener juicio: ser capaz de distinguir cuándo se sabe una cosa y cuándo no se sabe y, al parecer, esa era la sabiduría que él sí tenía.

Y debió ser por ello que un día una pitonisa del Oráculo de Delfos dijo que Sócrates era el más sabio de todos los humanos.

Claramente Sócrates se sorprendió al escuchar esos rumores y, al no entender nada, fue a hablar con los sofistas que eran “tenidos por” sabios.

Sócrates les preguntaba a los sofistas y éstos le contestaban tonterías sin sentido, con lo que Sócrates seguía sin entender por qué él era el más sabio. Entonces seguía preguntándoles y lo único que hacían era marear a Sócrates y molestarse con él.

Los sofistas cansados de responder y comprometidos por sus preguntas decidieron deshacerse de él.

Al final, Sócrates fue condenado por ser “sofista, cuando él era lo contrario que sofista (filósofo). También fue condenado por supuestamente no respetar a los dioses, por introducir nuevos dioses y por corromper, manipular y engañar a los jóvenes…

Y fue condenado a muerte…

Ver sobre El juicio de Sócrates; y sobre la “Apología de Sócrates”, dentro del juicio, -por Platón y por Jenofonte

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Al parecer es aquí, en la colina Filopappou, junto a la Acrópolis, donde encerraron a Sócrates, tras condenarlo a muerte, y donde murió. Sobre el tiempo que pasó en esta prisión, hasta su muerte, tratan los diálogos de Platón Critón y Fedón

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En defensa de las revoluciones y las utopías

Hoy por hoy, en un mundo donde los capitalistas nos intentan hacer creer que su sistema es el mejor y no hay alternativa posible -como si de una propia divinidad se tratase- es indispensable defender la revolución como herramienta para el progreso humano. Este concepto que la amplia mayoría concibe como violento o como algo de rojos, es y ha sido el motor de las transformaciones sociales a lo largo de toda la historia. Las revoluciones pueden surgir en múltiples ámbitos de la vida: la religión, la economía, la política, la sociedad…

No podemos definir revolución como un simple cambio, sino como un salto cualitativo de una sociedad, que viene dado por un conjunto de cambios. Muchas personas asocian la revolución con la lucha de clases, que básicamente viene a decir que el transcurso de la historia viene dado por la lucha entre opresores y oprimidos: en el momento en que el oprimido se da cuenta de su situación y se harta de ella, lucha contra el opresor y se convierte en la nueva clase dominante, haciendo todos los cambios pertinentes de acuerdo con su pensamiento. Sin embargo, en esto no consiste la revolución. Una revolución ha de ser liberadora para todos -no exclusivamente para unos- y un avance de la humanidad. Véase la Revolución Francesa, que, a pesar de los varios episodios violentos, fue un cambio libremente asumido por todos, universalmente, porque sus ideas y valores eran la escapatoria a una época marcada por crisis, miseria y la decadencia del sistema del antiguo régimen.

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‘La libertad guiando al pueblo’, de Eugène Delacroix, en el Museo del Louvre. -Se refiere a los sucesos revolucionarios de 1830. -La foto está tomada de ‘I Want A Poster’, en Flickr (con algunos derechos reservados)

Aunque la mayoría de las revoluciones sean calificadas de violentas (una de las causas por las que tanto se teme este concepto), no tienen por qué. De hecho, no lo deben ser, ya que la violencia implica una imposición y un interés particular. El problema de la violencia en las “revoluciones” tiene más que ver con la falta de filosofía y ética en las personas.

“La enseñanza filosófica favorece la apertura de espíritu, la responsabilidad cívica, la comprehensión y la tolerancia entre los individuos y los grupos; y que la educación filosófica, por formar espíritus libres y reflexivos, capaces de resistir a las diversas formas de propaganda, de fanatismo, de exclusión y de intolerancia, contribuye a la paz.”

Declaración de París en favor de la filosofía (cfr. Informe de la UNESCO de 2005)

Es más, las revoluciones pacíficas existen y son cada vez más recurrentes e incluso consideradas más efectivas. En vez de utilizar la violencia, se sirven de la desobediencia civil: de protestas simbólicas y de la no-cooperación. Símbolos de esta metodología son Martin Luther King, Gandhi, Nelson Mandela… En España destaca el movimiento 15-M, pacífico, que nació después de que cuarenta personas decidieran acampar en la Puerta del Sol una noche, de forma espontánea. Esto desencadenó una serie de protestas pacíficas en España, con la intención de promover una democracia más participativa alejada del bipartidismo PSOE-PP y del dominio de bancos y empresas, y también reclamaba medidas para mejorar el sistema democrático. El 15-M nunca recurrió a la violencia, sino que utilizó inteligentemente las redes sociales y las protestas para hacerse oír. Consiguió además parte de su propósito, influir en el voto de los españoles en las elecciones generales, el nacimiento de nuevos colectivos y proyectos políticos y trascender en el pueblo español.

Ahora que hemos visto la revolución, es el turno de la madre: la utopía. La difícil realización de esta y el pesimismo que rodea la idea de una humanidad en paz, hace que muchos consideren las utopías inalcanzables y a los utópicos <>. Sin embargo, la utopía es una necesidad de la humanidad para ir a mejor, ya que nos sirve como referencia para trabajar hacia unos ideales. Sirven de dirección a las políticas de un Estado, sirven para compararse con el mundo real y poder apreciar las injusticias y desigualdades que hay que solucionar y sobre todo sirven para alimentar nuestra esperanza y no caer en la actitud derrotista. La utopía vendría a ser como la idea de bien en Platón: no la podemos realizar ni si quiera conocer completamente y, no obstante, siempre hemos de actuar teniéndola como modelo: hacer siempre lo mejor evitando lo peor. Así pues, las utopías no son ideas que hay que copiar o realizar en el mundo físico, sino criterios para la razón, para guiar nuestra conducta.

Además, el problema de las utopías no es el sistema en sí, sino la tendencia de las personas, instaladas en su comodidad, a rechazar los cambios (especialmente aquellas que se encuentran en el poder). No obstante, hay cambios que han logrado cumplirse y que reflejan cómo lo que en un tiempo fue visto como utópico, incomprensible o inaceptable, luego ha sido posible y/o real. Siglos atrás nadie hubiese pensado que la Unión Europea, la globalización, la democracia… y todos los ideales que representan fuesen posibles, pero aquí están.

Esto se debe a que está en la naturaleza de la humanidad el poder de progresar positivamente. Como individuos todos tenemos la disposición, seguridad y optimismo de mejorar, ya que naturalmente nos regimos por principios éticos. Por tanto, aunque tenemos la opción de actuar incorrectamente, hay una afectuosidad suficiente, que reside en las personas, como para que se produzca esta tendencia de mejoría. Aun así y desgraciadamente, el ser humano también puede ser llevado por la injusticia y en consecuencia producirse períodos de retroceso.

Como integrantes de la humanidad, es un trabajo de todos nosotros hacer que esta evolucione. La dificultad del cambio reside en que primero tiene que producirse en uno mismo, pero es inevitable. Una evolución humana nunca puede producirse sin un incremento en la educación y un desarrollo ético y de la madurez de las personas, pues estos tres factores son los que nos llevan al cumplimiento de las normas con autonomía, por decisión propia, y no sólo por obligación.

Yo mismo era escéptico respecto de la utopía… No obstante, con el tiempo, me he dado cuenta de que las personas somos seres poderosos y que está en nuestras manos la capacidad del cambio. Hace poco estuve leyendo en las noticias sobre las manifestaciones feministas llevadas a cabo en los 50 estados de Estados Unidos bajo “El movimiento ‘Yo también’” y eso me hizo sentir esperanzado. Porque este inesperado e impactante movimiento, junto con una serie de protestas que llevamos viviendo desde los últimos tiempos, me han hecho pensar en la importancia y la voz que ha ido cogiendo el feminismo en la sociedad, y también me ha alegrado, ya que lo que antes pensaba que era una utopía o inalcanzable, ahora pienso que todas las voces que reivindican el feminismo, las protestas y los movimientos feministas están conduciéndonos a una transformación social que hará a todo el mundo mucho más feliz. Indudablemente, es el comienzo de uno de los avances más grandes que hemos hecho como sociedad a lo largo de los años y me reconforta estar presente y formar parte de él. Aunque sabemos que no en todas las personas se está produciendo este cambio ahora mismo, nos basta con pensar que sí está produciéndose en un vasto número de gente y que llegará el día en que estos valores se hayan interiorizado hasta el punto que nadie los cuestione.

 

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Marcha de las mujeres en Washington, 21 de enero de 2017. -Tomada de ‘Mobilus In Mobili’ en Flickr (con algunos derechos reservados)


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Mito y filosofía

Para explicar el origen de la filosofía tenemos que movernos al año -604 con Tales de Mileto, Tales fue considerado como el primero de los siete sabios, el primer filósofo, aunque fue reconocido como físico, y es que la filosofía nació siendo física racional, explicando el porqué de las cosas que suceden en el universo, ya que la física racional estaba basada en pensar las cosas y buscar explicaciones sobre lo que sucedía en el universo.

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Homero, un escritor griego nacido tiempo antes que Tales de Mileto escribió sus prestigiosas obras “La Ilíada” y “La Odisea“, en las cuales intentaba enseñar los valores de la época a través de dioses y héroes. En esas obras se explicaban de manera narrativa los fenómenos que sucedían en la tierra en forma de mitología.

Hesíodo, un escritor de su misma época escribió una obra llamada “Teogonía” la cual finalmente fue llamada “Cosmogonía” y es que intentaba explicar lo mismo que Tales de Mileto, el cosmos, pero de manera alegórica, personificando los fenómenos mediante dioses (Caos, Gea, Eros…).

La diferencia entre Tales y Hesíodo es que, mientras Hesíodo intentó exponer el orden del mundo… siguiendo el planteamiento alegórico de Homero, mediante dioses, en cambio, Tales de Mileto trató de ofrecer explicaciones racionales de los fenómenos observados a su alrededor.

Es por eso que Hesíodo se considera la personificación de lo que tiene en común el mito y la filosofía. Sin abandonar la mitología, en la práctica, trató de escribir un libro de “física” pero aún en clave simbólica: era un protofilósofo, situado entre el mito y la filosofía. El mito está escrito de manera narrativa con fines didácticos, personificando sus explicaciones, dando forma a elementos de la naturaleza. La filosofía, en cambio, tiende a escribirse de manera expositiva/argumentativa, buscando dar una respuesta a las cosas que constituya un saber.

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Más tarde, en torno a los siglos XVI-XVII, se considera a Newton fundador de una nueva ciencia física moderna, que se basaba principalmente en la observación de los fenómenos visibles. Y así, por ejemplo, cuentan que Newton comenzó a estudiar estas cuestiones a raíz de una experiencia que tuvo, estando debajo de un árbol, cuando le cayó una manzana, y eso le llevó a preguntarse qué es lo que hace a las cosas caer… hasta llegar a formulación de su Ley de la Gravitación Universal.

Pero, ¿qué es la filosofía? Como bien describe la palabra es la búsqueda (filo-) del saber (-sofía), queriendo adquirir con ella el mayor grado posible de epistéme (conocimiento racional verdadero y cierto, seguro), y no lucrarse con ello, es decir, no por interés de otras cosas, sino por el interés del saber como fin en sí mismo. El único objetivo de la filosofía es saber por saber, pues es sólo así como se puede llegar al saber más pleno sobre las cosas. -Los sofistas, en cambio, aunque eran tenidos por sabios en realidad sólo eran ‘muy hábiles’, pues manejaban conocimientos de interés para conseguir beneficios, pero a eso no se le llama ‘sabiduría‘.


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La filosofía

La filosofía aparece cuando el ser humano busca el saber pero no por la necesidad del saber, ya que la ‘filosofía’ no es útil ni es un útil, pero vale. Los filósofos querían saber sólo por saber, libremente, por el valor del saber (epísteme), igual que en el arte las cosas nos gustan por su estética, porque sí: preferían tener epistéme, que mantenerse en la ignorancia.

Por otro lado, la ciencia de la naturaleza inicialmente era filosofía. Los científicos sólo dan por cierto aquello que pueden comprobar mediante experimentos. Más adelante, la ciencia se especializó en busca de aplicación practica.

La filosofía busca el conocimiento para salir de la ignorancia. Y, por eso, lo hace mediante continuas preguntas sin limite… y, por eso no resulta práctica. La principal pregunta con la que aparece la filosofía es ‘qué es… esto…’. -En filosofía es más importante el preguntar y la manera de preguntar, que las respuestas que vayan surgiendo…

La filosofía surgió después de la era del mito. El mito eran historias de divinidades, relatos fantásticos… para, con su ayuda didáctica, ofrecer una respuesta imaginativa (simbólica, no verdadera) sobre el origen de las cosas. En el mito no se cuestionaban las respuestas, porque ni siquiera pretendían ser verdaderas. Sin embargo, la filosofía surge tratando de dar una explicación racional de las cosas, es decir, con pretensión de ser verdadera: un conocimiento teórico de la realidad, basado en la observación, ajustado a la realidad.

Tras el mito, cuando se empezó a utilizar la razón, la filosofía y la ciencia eran lo mismo: la primera filosofía fue… física. Más tarde, en la Edad Moderna, la ciencia se separó de la filosofía al darle más importancia a la observación sensible de las cosas que a la explicación racional, con la que la filosofía a veces se perdí, yendo más allá de lo que realmente era capaz… La física filosófica inicial era más teórica (trataba de explicar el orden del universo: cósmos) y la física moderna más práctica. Mientras en la naturaleza las cosas son como son y no podemos cambiarlas, sin embargo, en el orden humano reina la libertad: las cosas son como nosotros queramos que sean, podemos hacerlas mejor o peor. El orden humano no se rige por leyes naturales inquebrantables, sino por valores, por la moral, la política… (se supone que en él debe regir la justicia, que en griego es diké).

El fin al que querían llegar los filósofos era pensar siempre en general en busca de un entendimiento común, entre todos. Querían llegar al deber ser, al como tenían que actuar las personas, esto es la filosofía práctica.

Por otro lado, están los sofistas, que eran  hombres que eran tenidos por sabios y sacaban provecho económico de ello. Como eran extranjeros en Atenas, conocían costumbres de otros lugares y tenían formas de pensar diferentes: eso les hacía escépticos o relativistas en el conocimiento y la moral: se guiaban más bien por opiniones, que por conocimiento. Los filósofos atenienses clásicos, en cambio, buscaban establecer un saber fijo, absoluto y universal, tanto en lo que se refiere a la naturaleza, como en la filosofía político-social.


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